Los forzosos de Almagro

Hace 11 años me tomo el 96 de Floresta a Constitución. Conozco esquinas, locales, personas, baldosas, edificios que fueron casas, bicisendas que fueron entradas de cocheras, bajadas y cordones. Entre tantas cosas, la esquina de México y 33 orientales fue una de las que siempre me llamó la atención. Hasta hace poco había un local de una agrupación política vinculada al club San Lorenzo de Almagro. De un tiempo a esta parte, en ese tramo del viaje es común ver pintadas del tipo “Vamos a volver”, “La vuelta a Boedo”, o incluso en un cruce hay un letrero que afirma: Ley de   restitución histórica.
En ese paisaje, cuando la semana pasada en vísperas de la llegada del abuelo de Coca-Cola, Carrefour aceptó la propuesta del club azulgrana y así se hizo nuevamente de los terrenos de la manzana de Av. Plata, Las Casas, Mármol e Inclán, pensé que había que decir algo. Ese hecho anacrónico, en un fútbol dominado por los poderosos, donde se habla más de los Burzaco, de los Marín que de la pelota, era algo que merecía ser iluminado. Fuera de lo común. ¿Quién podía pensar que un club iba a construir su tercera cancha en 100 años de vida? La clave era saber de ellos, de los hinchas de aquel club. ¿Qué les pasa con la noticia? ¿Qué se imaginan? ¿Qué les representa?

Los forzosos de Almagro

Manu, Fede y Manolo en cancha
El padre de Ernesto y sus nietos este año en el Nuevo Gasómetro. Gentileza del entrevistado.

El “gordo” Soriano cuenta en Arqueros, ilusionistas y goleadores  que para 1907 la calle México era de tierra y que por ahí pasaba el tranvía 27. En verdad, los que cuentan son Francisco Xarau y Luis Giannella, dos pibes del barrio de Almagro (para aquel entonces no existía tal cosa llamada Boedo) que jugaban a la pelota por esos lugares. En ese relato se dice que San Lorenzo nació el día en el que el más revoltoso de ese grupo de pibes, Juan Abondanza, se llevó puesto al tranvía. Si así como lo lees, se la pegó de frente –cuenta Xarau, el dueño de la pelota- intentando eludirlo. La cuestión es que fue ahí cuando el padre Lorenzo Mazza vio lo sucedido y les ofreció un terreno al fondo de la capilla San Antonio que se terminó convirtiendo en la primera sede de lo que en ese entonces eran Los forzosos de Almagro.
Tamaña partida de nacimiento, hace las veces de introducción a las primeras voces de este recorrido. “Iba al Gasómetro con mi papá y mi abuelo. Los dos me contaban del plantel de San Lorenzo que fue a España a hacer una gira por los damnificados de la guerra civil española”, sostiene Ernesto. Me aclara que eran los típicos europeos que habían venido a Argentina buscando una vida mejor, y que en ese camino el santo les selló el pasaporte. El más longevo de esa generación se fue de viaje, ya no verá el futuro estadio Papa Francisco, pero el entrevistado sueña con el día que vuelva a entrar junto a su viejo y sus dos pibes.
La crónica marca 1916 como el año de la inauguración del Viejo Gasómetro. Ese día el local derrotó 2 a 1 a Estudiantes de La Plata, en lo que para aquel entonces todavía era el Campeonato Oficial de la Asociación Amateurs de Fútbol Argentino. 63 años después, el club venía de malas hacía rato y según la versión que uno lea algunos dirán que fue de común acuerdo entre sus dirigentes y la municipalidad de Cacciatore (el “intendente” de CABA en dictadura), y otros que fue obligado a vender el predio de Boedo. Se suponía que se iban a construir viviendas, pero nada de eso pasó. Poco tiempo después la cadena de supermercados francesa instaló el primer híper de la ciudad. Para mí, eso siempre me sonó como la venta de Papel Prensa. ¿Alguien se imagina negociando algo con las Fuerzas Armadas?
Fue el 2 de diciembre de 1979, Ernesto que para ese entonces ya tenía 11 años, agrega que él nació el día en el que San Lorenzo se convirtió en el primer campeón invicto de la era profesional (1968)[1], y que las dos cosas que más lo molestaron siempre de las chicanas futboleras eran la de la Libertadores y la de “¿de qué barrio sos?” Orgulloso me dice: “La Copa ya está, y la del barrio pronto estará”
La vuelta a Boedo, comenzó a hacerse carne allá por 2008 cuando fue impulsado en la Legislatura Porteña el proyecto de ley de Restitución Histórica de los terrenos de Av. La Plata. El camino se hizo largo y el proyecto se terminó aprobando el 15 de noviembre de 2012, por unanimidad y goleada (50 a 0).
“Ese sueño de todos, ya me era intrínseco. Volver a Boedo esa es mi ilusión, pasó a ser el lema de mi sentimiento. Algo así como la utopía de que todas las abuelas encuentren a sus nietos”. Lo narra Romina, se trata de una identidad arrancada que  fue reclamada por miles de simpatizantes que acompañaron la causa desde el primer día en las calles. En ese camino, 8 de marzo de 2012 cuando más de 100 mil personas se dirigieron a Plaza de Mayo para que la ley sea tratada, fue sin dudas uno de los grandes momentos de este proceso. Romina no conoció el Viejo Gasómetro, pero tiene claro la importancia de lo que se juega el club: “Un sueño que siempre supe se podía cumplir. ¿Por qué? Porque es nuestro. Nos corresponde. No pedíamos un imposible, soñábamos una ilusión”.
Otro día de verano, me junto con Leila, quien trabaja en una parrilla a dos cuadras del ansiado estadio. Me cuenta de todos los comensales hinchas del ciclón que conoce, tiene dos por los que siente devoción: “Bruno y Norby son dos enfermos de amor por el club. Tienen más de 60 y vieron todo el esplendor del ciclón, la cancha, los carnavales. Me gusta hablar con ellos de esos tiempos, aprendo con cada una de las anécdotas”.
En la puerta de su casa, el Grupo Artístico de Boedo estampó un mural de Rafael Albrecht[2]. Su familia, su viejo, su barrio, todo huele a San Lorenzo. Cuando le pregunto sobre cómo se imagimurales_39na la inauguración del nuevo domicilio, me dice sin dudarlo, que después del nacimiento de su hija, entrar a la cancha con su viejo y ella, será el día más importante y feliz de su vida.
Entre tanto y tanto, San Lorenzo de Almagro, a partir de la iniciativa que llevó adelante la Subcomisión del Hincha, lleva recaudados casi $2.120.000 para su anhelado sueño cada vez más certero. La compra masiva de, hasta el momento, 736 metros cuadrados es el cimiento de una campaña que el pasado 23 de diciembre recibió la noticia de que Carrefour aceptaba la oferta de la dirigencia del club, por la que se compromete a vender el terreno de Av. La Plata al 1700. Aunque todavía resta que se llegue a los $110 millones necesarios para que se firme el boleto de compra-venta.
El último hincha consultado, se llama como quien les habla. Amante del fútbol, empedernido defensor de Marcelo Bielsa y un memorioso de la historia de su querido azulgrana. Cuando le consulto por la vuelta, me dice: “Es recuperar lo que es propio, donde no solo se jugaba un partido cada quince días sino donde un montón de gente podía realizar distintas actividades, donde el barrio encontraba el espacio para la vida social”. Le retruco si tiene dimensión del hecho, si lo puede relacionar con algún otro acontecimiento. Y si bien duda, arriesga: “lo comparo con cada viaje que hago de lo de mi abuela, a visitarla, a estar donde viven los momentos que no quiero que nadie me expropie”.

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Parte de la campaña en las redes sociales.

Están quienes dirán que mucha gente nació en un barrio donde no había cancha, que hay vecinos que no la quieren ahí, que ¿Cómo van a poner un estadio en medio de un barrio? Acaso, ¿Dónde están los demás? En fin, podrá parecerles idílico. Hasta acepto que haya quienes prefieran que no suceda. Pero tiendo a pensar que a riesgo de ser románticos (acaso tuvieron un 9 que se llamó Bernardo Romeo), estas cosas exceden largamente a un club. No se pueden obviar los detalles, no se puede descontextualizar. Habrá que hacer el difícil ejercicio de bajarse del tablón, incluso con todo lo de “proeza” que tiene la causa. La vuelta a Boedo es para muchos de los que amamos el fútbol, un contraejemplo de lo que pasa todos los días en un deporte que cada vez se parece menos a lo que declama. Ese solo hecho, amerita ser celebrado.

[1] Aquel equipo fue conocido como Los Matadores, campeón del Torneo Metropolitano de ese año, sumando 16 victorias, 8 empates, con 49 goles a favor y solo 12 en contra.

[2] José Rafael Albrecht, defensor del club entre 1963 y 1970. Es el séptimo goleador del fútbol mundial en ese puesto, con 95 goles.

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