31 años no es nada

Historia oficial2
Norma Aleandro y Jack Valenti entregan la estatuilla a Luis Puenzo en Los Ángeles.

En el marco de los 40 años del último golpe cívico militar de nuestro país, mañana se reestrena La historia oficial. Remasterizada y resignificada, a 31 abriles de su presentación, un breve repaso por el film que marcó la postdictadura, y una analogía con Infancia clandestina, el último largometraje de peso sobre la época.
El film de Luis Puenzo se estrenó el 3 de abril de 1985. Un año después ganó el Oscar a Mejor película extranjera y el Globo de Oro en la misma categoría. Hecho inédito para nuestro cine que obligó a que ese mismo año se reestrenara, para terminar alcanzando 1.700.000 espectadores.
Hasta ahí los méritos más conocidos públicamente. Pero detengámonos en los debates que despertó el film. Hay muchos trabajos realizados sobre el cine de los 80` y la postdictadura. Casi todos coinciden en que aquellas primeras representaciones, se apoyaban en la teoría de los dos demonios. Sin embargo, queremos introducir algunos aportes que propone Marcela Visconti[1], quien a diferencia de estos postulados señala que hay que encontrar qué elementos textuales tiene de particular cada una de esas películas para no unificarlas como un todo. A partir de allí nos invita a comprender el posicionamiento de La historia oficial como parte de una lectura de época, es decir, “ajustada al marco de un contexto histórico social específico que en cierto sentido – como sucede en todas las épocas- ponía límites a los entonces pensable”. [2]
El aporte de la autora es clave para poner a La historia oficial en contexto. La película se estrenó 19 días antes de que comenzara el juicio a las juntas militares. Sería hasta descabellado pensar que una representación de un pasado tan reciente, que incluso tenía mucho de presente porque todavía quedaban grupos de tareas que seguían desapareciendo personas, pueda escapar fácilmente a una explicación maniquea de lo acontecido.
Por otro lado, otra de las cuestiones interesantes para pensar que aparecen en la película es la complicidad de gran parte de la sociedad civil por aquellos años. En tal sentido, Visconti plantea que, a partir de la postura del personaje de Alicia (Norma Aleandro), “hubo por parte de un sector de la sociedad un hacer como que no se sabía”[3]. En otras palabras, una sociedad que encontraba en el “enemigo de la guerrilla” una argumento para posicionarse desde la inocencia o como “ajenos” al contexto. Historia oficial
La historia oficial puso en escena pública lecturas sobre lo acontecido en la dictadura que para aquel entonces eran novedosos: la apropiación de bebés por familias cómplices, vinculadas con el empresariado, el rol funcional a los intereses de los militares de gran parte de la Iglesia Católica, y el “no sabíamos nada” de una parte importante de la población.

Infancia clandestina: otra manera de representar

En el largometraje de Luis Puenzo casi no aparecen representantes de las organizaciones políticas que protagonizaron aquellos años. Lo más parecido es Ana (Chunchuna Villafañe), la amiga de Alicia que vuelve del exilio y le cuenta lo que sucedía en los centros clandestinos de detención. Incluso cuando podemos ver representadas un par de manifestaciones, solo se destacan las abuelas de Plaza de mayo y las banderas que se pueden ver no se destacan ni identifican con ninguna facción política.
En cambio, en Infancia clandestina, el film de Benjamín Ávila, esto es completamente distinto. Horacio Mendizábal (César Troncoso) es un dirigente montonero, al igual que su compañera Cristina (Natalia Oreiro) que vuelven a la Argentina en 1979 para comandar un operativo que se conoció como la contraofensiva. En ese sentido, el director cuenta en una de sus tantas entrevistas que lo que trató de hacer fue mostrar la vida cotidiana de esas personas, los debates entre sus representantes, de si había que vivir para la lucha armada o si había tiempo y espacio para festejar el cumpleaños de un hijo, para divertirse con un tío entrañable como Beto (Ernesto Alterio), etc.infancia
La historia de Juan, el pibe de unos 9 años es la historia de Ávila y cuenta que no fue fácil correrse de la escena, evitar ser el centro. De hecho lo logra agregando elementos que no fueron verídicos. En ese recorrido, sostiene que su objetivo era mostrar a los guerrilleros no como mártires sino más bien como personas con profundos ideales, por los que peleaban todos los días. En ese sentido, como hijo de desaparecidos, la idea era humanizar a sus padres, hablar desde lo emocional, desde lo llano, mostrar esa vitalidad, etc.
Hasta acá, el recorrido que quería plantear como excusa para invitarlos a escuchar la columna que realicé el sábado pasado (19/03) en Quemar las naves sobre esto mismo. El cine, la dictadura y las representaciones de un pasado que está prohibido olvidar y que, en el marco de los 40 años, invita siempre al ejercicio de la crítica y la memoria.

[1] Magíster en Comunicación y Cultura y Licenciada en Artes por la Universidad de Buenos Aires (UBA).
[2] Lo pensable de una época. Sobre La historia oficial de Luis Puenzo. Marcela Visconti. FFyL-UBA. Pag. 4. Buenos Aires, Argentina. 2014.
[3] Lo pensable de una época. Sobre La historia oficial de Luis Puenzo. Marcela Visconti. FFyL-UBA. Pag 6. Buenos Aires, Argentina. 2014.

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