#Borrador2: La larga noche de Francisco Sanctis

  • ¡No te metás! La eterna y vigente discusión acerca de qué y cuánto sabía “la gente” durante la última dictadura cívico militar en Argentina.
  • ¡Marrón! El tono de Francisco Sanctis, los colores de su casa, las locaciones, el vestuario, la estética, todo, pero no queda ahí.
  • ¡La noche! La iluminación de la película es sublime. Siempre es de noche pero no se nos escapa nada. Está todo ahí para ser visto, y lo que no “por algo será” dirán algunos. Pero cada una de las escenas tiene su luz propia, los rostros tienen la suya, generalmente puestos en un contexto: la noche. El bar, el cine, la casa, la calle, los puentes, todo se ve con un trabajo exquisito. Marrones, amarillos, oscuros, grises pero vivos.
  • ¡Los rostros! El colectivo. Las personas de a pie. Su compañera, sus hijos, y él, Francisco Sanctis.
  • ¡La tensión! Eso que hace a la trama. El pedido de ayuda y la duda. La duda como motor pero también como certeza. Había que averiguar el cómo pero la decisión estaba tomada. Quedarse en la lectura del protagonista como un ser “apolítico” (si es que tal cosa existió alguna vez) es mirar la obra (y el marco histórico en el que se inscribe) como una foto de Instagram llena de filtros.
  • ¡El claroscuro de los tibios! Los silencios. Los que callaron. Los que le pusieron el cuerpo. Los que a pesar de mirar desde la periferia decidieron dar una mano. Un gran mérito de la película de Francisco Márquez y Andrea Testa es hacer foco en eso. No está amplificada la lucha armada ni el milico hijo de yuta, ni todos y cada uno de los procedimientos ilegales de la represión clandestina de los cuerpos. El ojo está puesto en el “tipo medio”, el “padre de familia” que tuvo alguna vez un vínculo con compañeros militantes pero que se corrió y es contactado para hacer algo que lo sacude de su cotidianidad.
  • Diego Velázquez es un acierto en sí mismo. Quizás te lo acordás de su papel en Kryptonita (como “El Tordo”). En La larga noche de Francisco Sanctis cumple con creces su rol. No le sobra un gesto, es un personaje que tiene sus matices y en la actuación conviven sin hacer un mínimo ruido. Es el tipo que intenta plantarse en el laburo, que teme por su vida con la propuesta que le cayó pero que sabe que la cosa viene mal y que de algún modo quiere involucrarse, que se asusta, que sigue con torpeza, que busca ayuda con inocencia. Velázquez pone todo eso en un mismo combo y no empasta jamás, cierra por todos lados. Nos tiene ahí, caminando bien cerca suyo durante su larga noche.
  • Algunas últimas preguntas: ¿Cuánto de lo que le pasa al protagonista puede ser pensado en algunos debates actuales que creíamos haber enterrado?; ¿Hasta dónde se pueden escindir la práctica política de aquellos años con el ámbito privado de las personas (la familia por ejemplo)?; ¿En qué otras películas aparecen planteos similares? Una primera respuesta rápida, aunque más con el formato clásico que conocemos en la temática, puede ser Infancia Clandestina, de Benjamín Ávila.
  • La obra, estrenada en BAFICI 2016, ganó 4 premios en ese festival y también tuvo sus nominaciones en Cannes, aunque allí sin tanta suerte. Te dejo el trailer y la invitación a que la veas. Lo podés hacer en este link de Cinear donde están los estrenos del cine nacional. La nueva gestión le lavó la cara a Odeón y ahora te cobra las películas. Poco (?) pero te los cobra. Claro que, quejarse de eso al lado del tijeretazo que llevan adelante en el INCAA, da hasta un poco de pudor.

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