Los hay altos, aniñados, fraternales, inocentes y fugaces. Los hay tiernos, traviesos, escurridizos, veloces y galanes. Lo son todo: adultos, reales, capaces, vulnerables, deseables y funcionales. Están ahí, nadie los ve. La escena es dantesca. Una callejuela oscura en uno de los rincones más perdidos del lugar. Allí cerquita nomás donde el gigante reproduce mentiras…