Dalton Trumbo, un “rojo” en Hollywood

El 10 de septiembre de 1976 en Los Ángeles, California, a sus 70 años, Dalton Trumbo dejaba este mundo con una historia larga de censuras, novelas y guiones que lo llevaron a ser una de las personalidades de Hollywood afectadas por las listas negras y la caza de brujas impulsadas por el senador Joseph McCarthy en los inicios de la Guerra Fría que dividió las aguas entre los rojos y los fieles de Mickey Mouse.
James Dalton Trumbo nació un 9 de diciembre de 1905 -el año punta de lanza de lo que luego sería la Revolución bolchevique de 1917- en Montrose, Colorado. Era hijo de trabajadores de la industria del calzado y nieto de uno de los últimos sheriffs del tan cinematográfico Lejano Oeste. Trabajó como reportero para un periódico, pero también en el horno de una panadería por las noches para bancar la parada cuando su familia atravesaba las malas, por el estado de salud de su padre, que al poco tiempo terminaría por fallecer.
Fue recién cerca de sus 30 años cuando comenzó su carrera profesional escribiendo artículos para la revista norteamericana Vogue. Desde ese lugar comenzó a tener acceso a guiones del gigante Warner Bros y filmó un drama que pasa sin pena ni gloria. Al poco tiempo fue despedido de la revista por negarse a abandonar el Sindicato de Guionistas, organización cercana al Partido Comunista.
Guionista y novelista, entre sus principales libros se encuentra, Johnny got his gun (Johnny tomó su fusil) (1939) que luego sería una de sus películas más reconocidas. Esta obra, basada en la historia de un soldado en la Primera Guerra Mundial, obtuvo el National Book Award (Premio Nacional del libro), y tenía el mérito de tener una inspiración pacifista en un contexto donde, por ejemplo, el nazismo ya estaba invadiendo Polonia.
Junto a ésta también se destacaron dos guiones premiados en la ceremonia de los Oscar: Roman vacations (Vacaciones en Roma, 1953) y The Brave One (El Bravo, 1957). Ninguno de los dos admitió su autoría entonces, ya que debido al apogeo de las listas negras Trumbo tuvo que utilizar seudónimos. Recién en 1975, un año antes de su muerte, se le haría una reparadora entrega personal de la estatuilla del tío Oscar.
En el momento de la publicación de Johnny tomó su fusil, se generó gran polémica por su tono y se lo retiró de la venta. Hecho que provocó que muchos lectores le escribieran cartas al autor solicitándole ejemplares, cuestión que provocó la intervención del FBI. En ese mismo marco, cuando ya era inminente el ingreso de Estados Unidos al conflicto armado más grande del siglo XX, el novelista fue muy crítico ante aquella posibilidad, lo que agravó su situación con el gobierno de Roosevelt. A esto último, se puede sumar que en 1943 el escritor se afilió al Partido Comunista y realizó colaboraciones para The Daily Worker, el diario oficial de esa entidad.
Finalmente, en 1947 fue citado a declarar con otros nueve escritores y directores que luego serían catalogados por la prensa como “los 10 de Hollywood”, por el Comité de Actividades Antiestadounidenses, el órgano del Estado norteamericano motorizado por el macarthismo para perseguir lo que ellos mismos consideraban como una “epidemia”.
Los acusados de desacato, entre otras cuestiones, argumentaron con la primera enmienda de la Constitución Norteamericana (libertad de expresión) y con la quinta, que establece el derecho a no autoincriminarse en ningún proceso judicial. En esas audiencias declararon en contra de “los 10″, personalidades como Edward Dmytryk y el mismísimo creador del ratón más famoso del mundo. En el documental Dalton Trumbo y la Caza de Brujas se puede ver al bueno de Walt declarando: “Creo que es un asunto antiamericano. Opino que habría que hacer una purga y que se sepa lo que son, para que las buenas causas de este país, los liberalismos realmente estadounidenses, se vean libres de la contaminación del comunismo”.
Trumbo pasó 11 meses en prisión y luego decidió exiliarse en México junto a su familia. Desde el destierro escribió varios guiones bajo distintos seudónimos con la ayuda del actor y productor Kirk Douglas (el padre de Michael), pero accediendo a cobrar precios irrisorios para alguien que, hasta 1945 era de los mejores pagos de la industria. Lo curioso del caso es que en estas condiciones escribió algunas de sus mejores obras, incluso las únicas dos que fueron premiadas en la alfombra roja.
Recién en 1960, cuando el contexto de persecución ideológica comenzaba a aplacarse tímidamente, el director Otto Preminger decidió incluir el nombre de Dalton Trumbo en los créditos por su película Éxodo, y luego Kirk Douglas -protagonista de Espartaco-, haría lo propio anunciando públicamente la incorporación del escritor para el film dirigido por uno de los más influyentes del siglo XX, Stanley Kubrick (director de La Naranja Mecánica y otras maravillas).
La historia de este reconocido escritor fue representada el año pasado por Bryan “Walter White” Cranston en un film que pasó sin hacer demasiado ruido en nuestro cine (en la Argentina se eligió cambiar el título original de Trumbo por el espantoso Regreso sin gloria). No tanto por su aspecto físico pero sí por la buena actuación del actor, que le valió su primera nominación al Oscar, la figura de Trumbo es traída al presente de una forma convincente. Su historia, los conflictos de aquellos años, más basados en su seno familiar que en el contexto político de la época, están bien retratados en una película que merece ser vista, si se quiere ampliar la mirada sobre la vida de este escritor.
Sus palabras, en una de las cartas que escribió, resultan pertinentes: “El tribunal nos ha enfrentado a un dilema que subyace en todas las filosofías y religiones. El dilema que tan bien simboliza la leyenda de Fausto: ‘Renuncia a tus principios y serás rico. Aférrate a ellos y serás menos próspero que ahora’. Ese es el problema: Escoger. No la coerción, escoger. Con comité o sin él, con ley o sin ella. Con capitalismo o sin él. Con películas o sin ellas. Es la constante necesidad de elegir, lo que dicta todas las acciones de nuestra vida, cada minuto de nuestra existencia” .
En las lista negras de McCarthy, Walt y compañía aparecían figuras como Charles Chaplin, el escritor Bertolt Bretch, y el hombre que desde Notas quisimos traer al presente a 40 años de su desaparición. Trumbo fue representante de una cultura que lo quiso callar y eligió fundar su american way life detrás de un par de orejas de ratón.

Nota publicada originalmente en Notas Periodismo Popular en septiembre de 2016
https://notasperiodismopopular.com.ar/2016/09/13/dalton-trumbo-rojo-hollywood/

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