En Disney no se consigue

Una foto, la que vos elijas. Se podría hacer un álbum con muchas de las imágenes que componen The Florida Project. La luz, los colores, las expresiones, los escenarios, están puestos en una composición sólida. Estética, narrativa, contundencia. Los diferentes momentos del día en la vida de esos personajes. Una paleta de cielos diversos. El clima y los micromundos de las historias que habitan ese motel están retratados para ser admirados pero también leídos. La fotografía agrega información, ayuda a la puesta.

Una niña de 6 años, con la libertad que le concede una madre que hace lo que puede para seguir pagando el cuarto a donde viven. Las amistades, los riesgos, la inocencia, los juegos, las libertades. La infancia mediada por una cantidad de necesidades insatisfechas. Situaciones contadas desde su mirada, con una matriz lúdica, pero que en el fondo contienen una situación crítica.

Las actuaciones. Es difícil que a la edad de Brooklynn Prince se pueda componer un papel de forma tan verosímil. Un personaje de seis años al que le creemos todo lo que hace, que se mueva como una niña pero que al mismo tiempo cuestione, que se involucre con sus amigos, que se cuide por sí misma cuando su madre no está con ella, etc. Que actúe de forma adulta cuando sus días se lo exijan; que se rebele con toda su bronca aún a riesgo de ponerse en peligro. Y que cuando la historia le exija al máximo, poniéndola en un lugar de muchísima fragilidad su llanto sea desde su lugar de niña. Con angustia, dolor y un profundo sentido de realidad. La consciencia de que ese mundo no es de mentira ni mucho menos un juego.

A la suya se suman la de Willem Dafoe que además de ser el encargado del motel, en ocasiones asiste a la madre de la niña, interpretada por Bria Vinaite, una joven lituana que el director Sean Baker contactó por sus publicaciones en Instagram, sin tener una sola experiencia previa en cine.

Un entorno. La película no sería lo que no es si estuviera planteada en cualquier otro lugar del mundo. El director elige retratar una historia particular, que representa un montón de otras, a pocos kilómetros de los parques de diversión de Disney. Ahí donde se erigen una de las principales armas culturales de EE.UU. con un sinfín de imaginarios edulcorados, existen familias excluidas no sólo de esa atracción, que sería sin dudas lo menos llamativo, sino sin el acceso a una vivienda digna, a un plato de comida diario, a una infancia con derechos, con educación, con las necesidades básicas cubiertas.

En ese motel pintado para la ocasión, la película visibiliza a hombres y mujeres, a trabajadores, a personas de carne y  hueso que día a día viven excluidos de la fantasía del consumo irrestricto, del turismo como un fenómeno social ligado a un ideal de vida, de familia, de un solo tipo de infancia posible.

Un sentido de lo real. La búsqueda de lo recién expuesto está apoyada por un guión y por interpretaciones que por momentos no parecen ser tales. Es como si de verdad estuviéramos espiando a esa madre, esa niña y ese motel. Los relatos, el cruce de personajes entre los “locales” y los turistas que llegan a visitar Disney; un paisaje de autopistas, palmeras, hoteles de colores vivos, condominios abandonados y comercios de grandes marquesinas. Un all inclusive de todo lo que no se ve desde los parques del ratón.

Trailer The Florida Project