Favio, sinfonía del sentimiento

Su documento declaraba: Fuad Jorge Jury pero todos lo conocían con su nombre artístico: Leonardo Favio. Si usted está leyendo esta biografía, le recomiendo que se acompañe con algún tango de fondo, seguro le será más amena.
Llegó al mundo por la provincia de Mendoza, en la localidad Las Catitas (departamento de Santa Rosa). Sin embargo, pasó casi toda su infancia en Luján de Cuyo. Allí cre
ció en un barrio humilde, donde entre otras cuestiones sufrió el abandono de su viejo. Su madre era escritora y actriz de radioteatros. Aquello de escribir, sumado a la guitarra, fueron cosas que ya le gustaban de pibe.
Estudió un tiempo como seminarista, más tarde intentó en la marina pero duró poco y con ese mismo traje se vino para Buenos Aires. Su vieja le consiguió un par de bolos[2] para actuar en algunas película y con ese currículum llegó a la gran ciudad. Una vez acá trabajó como extra en la película El ángel de España[3] (1958). Más tarde, con la ayuda de un director estrella de la época –Babsy Torre Nilsson[4]– comenzó su carrera como actor en largometrajes como El secuestrador (1958)[5] y Fin de fiesta (1960)[6], entre otras.
Como director, para comienzos de los 60` intentó con un par de cortometrajes pero quedaron inconclusos. Su estreno triunfal, fue recién en 1965 con Crónica de un niño solo[7], que es hasta el día de hoy considerada como la mejor película nacional de todos los tiempos. Tal reconocimiento además de ser de popuFaviolar conocimiento, quedó legitimado cuando en el año 2000 fue elegido en el primer lugar de los 100 mejores films sonoros de producción nacional, con más del 75% de los votos entre críticos, investigadores e historiadores en el Museo Nacional de Cine.
Cuando no era su ópera primera, era El romance del Aniceto y la Francisca (1967)[8] la que ganaba competiciones como la recién mencionada. Esta película también de reconocimiento nacional e internacional, protagonizada por Federico Luppi, fue reversionada en el año 2008, en lo que sería su última realización. Aniceto, fue el título de la obra, representada como un musical con una puesta teatral y escenográfica inmejorable. Sumado al gran protagónico de Hernán Piquín.
Además de las mencionadas se destacan: Juan Moreira[9] (1973) con un recordado Rodolfo Bebán; y Gatica, el mono (1993): Edgardo Nieva inmortalizó a un ídolo popular de nuestro suelo y nuestro box que sin haber ganado un título profesional fue dueño de una gran popularidad en épocas del primer peronismo.
A fines de los 60` Favio tuvo problemas con la financiación de su película El Dependiente[10] (1969). Este y otros episodios similares, sumados a su vocación artística ampliada hacia la música, lo llevaron a probar suerte con este otro arte. Debutó como cantante en La Botica del Ángel[11] y Gaticaese misma noche un representante del sello discográfico CBS le propuso lanzarse a grabar un disco. Si bien no fue ese un éxito, más tarde llegó Fuiste mía un verano, que fue el álbum que lo lanzó a la fama por Latinoamérica.
Sus canciones no sólo le dieron una popularidad de la que no estaba acostumbrado, o al menos distinta a la que tenía como director de un cine de culto, sino que también le permitió crecer económicamente y poder así financiar su regreso al séptimo arte. Por esos años no solo grabó la ya mencionada Juan Moreira, sino también la película nacional más taquillera de nuestra cartelera: 3 millones y medio de espectadores disfrutaron de Nazareno Cruz y el lobo[12] (1975).
Eran años de un contexto político complejo, la antesala de lo que fue la dictadura más sangrienta del país, hizo que Favio y su adhesión por el peronismo se tuvieron que exiliar del país. En una de las tantas entrevistas que le hicieron le preguntaron por qué se involucraba en política y él sostuvo: “Porque entiendo a la participación como una obligación, el hombre tiene una hipoteca para con la comunidad y trata de practicarla dentro de lo que sabe y de sus posibilidades”[13]
Las crónicas gorilas sostienen que cuando la Masacre de Ezeiza[14], Favio cumplió un rol contradictorio como el orador de aquello que nunca podría haber sido una fiesta y estaba predestinado a lo que terminó sucediendo.
Más allá de las identidades y los relatos, Favio fue parte grande de la historia de nuestra cultura popular. No sólo por su música y por su cine, sino también por su manera de vivir lo que hacía. En ese sentido, un claro ejemplo podría ser su manera de sentir y describir al séptimo arte: “El cine no es otra cosa que un acto de amor, y una vez que te atrapó por más que le busques la vuelta no hay forma de escapar a él”[15].
Por eso, porque el cine es de alguna manera como este tipo lo describía y vivía, es que vale siempre el recuerdo de los que hicieron carne el arte. Como con la música, cuando afirmaba: “uno siempre le canta a lo que carece”. Nosotros carecemos de él, siempre hay necesidad de cantarle a los que ya no tenemos.

[1] Perón, sinfonía del sentimiento fue un documental de casi 6 horas que dirigió por pedido del entonces gobernador Eduardo Duhalde en 1999.
[2] Papeles menores en películas u otras representaciones artísticas.
[3] Largometraje dirigido por el peruano Enrique Carreras. Contaba la historia de un inmigrante que pasaba de almacenero a cantante exitoso.
[4] Leopoldo Torre Nilsson (1924-1978) fue un reconocido director del cine nacional que consagró a actores como Favio, Graciela Borges y Alfredo Alcón, entre otros.
[5] Film realizado por Leopoldo Torre Nilsson y protagonizado por Favio, por quien sería su esposa María Vaner, además de Lautaro Murúa y Oscar Orlegui.
[6] Décima primera película de Torre Nilsson, con un elenco similar al de El Secuestrador, más Osvaldo Terranova y Osvaldo Terranova.
[7] Protagonizada principalmente por niños, entre los que se destaca Diego Puente como principal. Al año siguiente de su estreno ganó el Cóndor de Plata como mejor película.
[8] Su título original fue: Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más.
[9] Basada en la novela homónima de Eduardo Gutiérrez. Histórica y un clásico del cine acerca de gauchos y terrateniente, en el clima de época de fines del siglo XIX en Argentina.
[10] Favio adaptó a guión el cuento de su hermano Zuhair Jorge Jury. Además la película tuvo música de Johann Sebastian Bach y Francisco Canaro, entre otros.
[11] Emblemático lugar artístico que creó el modisto y escenográfo Eduardo Bergara Leuman en el barrio de San Telmo en 1963.
[12] Según la fuente que se consulte ese lugar puede ser ocupado también por Relatos salvajes (2014), la película de Damián Szifrón.
[13] Entrevista realizada por Cacho Fontana (Norberto Palese). Pueden ver un fragmento aquí
[14] En 1973 cuando el ex presidente de la Nación, Juan Domingo Perón, retornó al país después de 18 años de exilio, en las cercanías del Aeropuerto de Ezeiza las facciones de derecha más reaccionarias del movimiento, dispararon contra los manifestantes que se habían reunido a recibir a su líder. Leonardo Favio había sido invitado a ser la voz de ese acto, y ante la masacre que se desató quedó en medio de una situación, que al día de hoy quienes suelen contar la historia lo acusan de haber tenido una postura “cómplice” o al menos “polémica”.
[15] Entrevista especial en Café las Palabras, con Eduardo Valdés y compañía. Podés escuchar la entrevista completa acá

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