Gracias por tanto

Todavía escucho la canción de Alabama de la apertura y se me pone la piel de pollo. La secuencia de James Gandolfini manejando por New Jersey, pasando por los lugares más emblemáticos donde transcurría la historia, se convierte capítulo a capítulo en la antesala de una producción que es, a mi juicio, la mejor manera de entrar en el mundo de las series.
De punta a punta Los Soprano (de David Chase) es de lo más acabado que hayas visto jamás. Si tenés prejuicios con las series americanas, si la única imagen que tenés por ahí perdida son esas sitcoms donde un tipo abre una puerta y detrás de escenas 10 personas se ríen epilépticamente, olvídate. Tenés que ver esta obra maestra y adentrarte en un mundo nuevo.
Creada en 1999 y extendida hasta 2006, son 6 temporadas (la última es doble) de un ritmo distinto, calcino, cuidado, donde se eligen los momentos destacados, cada final de capítulo cierra con una canción distinta y una idea o concepto que te deja pensando en algo, y si no son todos, es la mayoría.
Los Soprano habla de la mafia, pero dicho así lo primero que pensás es en El Padrino y un tipo de delito más sofisticado, con enlaces y negocios en el exterior, con una infraestructura a escala sideral. Pues no, Tony (James Gandolfini) conduce una banda de secuaces que son burdos, chabacanos, por momentos amigables, por otros detestables. Y de todos los méritos ese sea quizás el más atractivo. Su principal arma es la relación que el guión (y su realización) establece entre el espectador y su personaje principal.
Pero no entiendo, ¿Querés a un tipo que mata por plata? Si, definitivamente si. El gordo te genera simpatía porque además de dirigir una banda de mafiosos, la serie se ocupa de mostrártelo como padre de familia (con todas sus particularidades e idiosincrasia a cuesta), capaz de entablar una relación con su terapeuta que le permite cuestionarse, de preguntarse porqué es así su madre, despreciable con cualquier tipo de religión o etnia ajena a la americana, etc. Un tipo que tiene la sangre fría para dispararle a un amigo a 3 cm de distancia pero que sufre ataques de pánico, suda, se le cierra el pecho y se desmaya como le puede suceder a cualquier mortal.
Otro de sus fuertes son sin duda las actuaciones. Dos datos: Muchos de sus actores son italoamericanos, lo que le da un grado de verosimilitud altísimo a la composición de una gran familia Italiana viviendo en EE.UU. Otro: Comparte 27 intérpretes con la gran Goodfellas de Martin Scorsesse. Entre ellos Lorraine Bracco (la psicoanalista), Michel Imperioli (Christopher Moltisanti, sobrino de Tony y mano derecha aunque con sus crisis) y Vicent Pastore (Salvatore “Big Pussy” Bonpensiero, miembro de la banda). Sin embargo, si hay alguien que se roba gran parte de la sombra del protagonista, esa es Carmela (Edie Falco). Una mujer desafiante, dispuesta a pelear por el lugar en el que su marido la ubica, que por momentos roza el ostracismo.
A su vez, visualmente el recorrido que construye Los Soprano atraviesa momentos que juegan con lo onírico, lo pasional, lo metafórico con una calidad insuperable. Incluso en las escenas de sexo que suceden a lo largo de las temporadas hay algo estéticamente cuidado. Una delicadeza exacta que sube en intensidad según la importancia de lo que quiera mostrar. Hay escenas que te quedan grabadas para siempre. Para no spoilearla tanta solo menciono tres: El día que el cura amigo de la familia la hace comulgar a Carmela en su propia casa; la escena que se da hacia el final de la serie en el negocio de trenes de colección; por último la pelea de Tony con Bobby Bacala (uno de sus secuaces) en su casa y con parte de la familia presente , son sólo algunos de los ejemplos que puedo y quiero citar.
Casi nada de lo que sucede en Los Soprano es lineal ni previsible. Incluso no esperes ver una de esas que te generan adicción,  que al terminar un episodio queres darle play automáticamente al siguiente, cosa que personalmente casi no me pasó con ninguna serie. Está tan impecablemente construido el relato que un final de capítulo puede terminar con algo trascendental y al siguiente arrancar con algo completamente distinto.

Cuidado: A continuación zona de spoilers

Mucho se habló luego del final de la serie: que decepcionó, que fue un papelón, que no pasa nada. Yo te digo: miralo. Escuchá la música. Recordá siempre de que manera te interpela el guión, qué ofrece a lo largo de sus extensas temporadas y no esperes nunca nada resuelto, masticado, así como si fuera Campanella el director. Incluso aquello que no te muestra el final, termina sucediendo en la vida real. Curiosidades nada más, pero que hablan de alguna manera de un actor que siempre tuvo papeles menores, en largometrajes sin mucho renombre y que acá quedó eternizado en la piel de un personaje. Sin dudas James Gandolfini es Tony Sorpano.

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