Historia de un matrimonio

Quizás lo menos atractivo del último film de Noah Baumbach (Margot y la boda, Greenberg, entre otras) sea el título. Es que Marriage Story no le hace honor a una película que si ya no te hubiera dicho el director, podrías haberla visto y pensar tranquilamente que se trata de una obra de Woody Allen.

El largometraje del que muchas críticas se quedan discutiendo si está sobre actuada, si en verdad es una reversión de Kramer vs. Kramer, o si solo propone un tipo de amor demasiado clasista…es mucho más que todas esas “hipótesis”, sino que es una trama de una contundencia tremenda.

Tampoco es la crónica de un desamor o del ocaso de un matrimonio. Justamente ahí radica su espesura, sus méritos. La trama que construyen a lo largo de los 136 minutos Adam Driver (Charlie) y Scarlett Johansson (Nicole) está cargada de amor, sin golpes bajos, sin lugares comunes, atravesada por complejidades, realidades, y por una cotidianidad que impone reglas, que aleja sin avisar, que explota en las manos de un matrimonio que había dejado de mirarse, de sonreír, y de tantas otras cosas más.

La propuesta necesitaba de dos protagonistas como los elegidos. En las discusiones el espectador puede sentir que está espiando una crisis que se devela a cada paso. Pero quedarse solamente con eso sería lo más obvio. Las interpretaciones se destacan en esos momentos que son simples, que hacen a un relato que se va articulando con miradas, con nostalgias, con una respuesta inesperada, con un cariño que aún cargado de ternura denuncia que algo no está bien.

Si hubiera que mencionar un aspecto que peca de ser cliché, o de abundar de estereotipos, se podría encontrar en los papeles secundarios de los abogados de ambas partes. Allí el largo cae en las típicas figuras que exacerban lo peor de una instancia judicial, una división de partes, responsabilidades y obligaciones. Sin embargo, lo interesante del caso es que funcionan para poner en evidencia lo que Charlie y Nicole no vieron venir. ¿O si?

Es decir, una instancia que los expone, que los sorprende de manera esquiva pero que aún cuando la contienda se dirime cara a cara, sin papeles de por medio, la evidencia del desenlace aflora sin tapujos, sin ataduras, cargada de angustia y de rencor. ¿Por lo que no fue? Peor, por las propias incapacidades de no ver antes las decisiones que los llevaron hasta allí.

Historia de un matrimonio invita a ser vista para pensar las relaciones humanas. Las formas en las que uno se proyecta como compañero de otro u otra. En el lugar que nos ubicamos, a donde poner los deseos, las elecciones, las proyecciones personales, las etapas, el paso del tiempo. Es cierto, todo eso está muy anclado en un mundillo que es imposible despegar de la vida de los protagonistas. Y probablemente eso sea muy propio del ambiente artístico, algo snob, en el que se mueven los artífices de esta historia. Pero así y todo, los puntos de contacto con las relaciones de a pares de este mundo (al menos el occidental) son evidentes.

Historia de un matrimonio es la película más nominada de los Globos de Oro 2020, que se entregarán el próximo 5 de enero, incluyendo a sus dos artistas principales y su guion. Pero eso son sólo datos. La experiencia de ponerse en la piel de Charlie y Nicole es sin dudas lo más gratificante de la propuesta.