El humor, el machismo y la industria cultural

Escena: Una  milonga típica de años remotos. Una escenografía un tanto precaria. Olmedo, que lleva puesto un moño, entra a cuadro acompañado de Moria. A su lado el gordo Porcel, con pinta similar, viene escoltado de Susana. Las dos divas están de vestido largo, luciendo sus figuras. Se ubican en una mesa y enseguida llega el mozo a tomar el pedido.

Mozo: -¿Qué van a tomar señores?
Olmedo: -Para mí un pernod bien frappé.
Porcel: -Para mí bien frío.
Mozo: -¿Y las damas?
Porcel: -Las damas vienen más tarde

Luego de ser ignoradas, las mujeres protestan y hacen su pedido. La escena corresponde a la película Las mujeres son cosa de guapos, una de las tantas que el Negro y Jorge filmaron para Aries Producciones durante las décadas del 70 y 80. Fueron más de 40 los filmes que tuvieron como protagonista al rosarino, en más de la mitad con el gordo como partener.

El humor que promovieron estas producciones, tanto en cine como en televisión, ha dejado huellas que aún perduran en nuestro medio. Pero no todo es aceptación para los cómicos y, por supuesto, subsisten las críticas a su estilo machista y misógino. Por eso, desde Notas quisimos aportar una mirada acerca de su legado aprovechando que este 7 de septiembre el Gordo Porcel hubiera cumplido 80 años. Con ese pretexto nos lanzamos a la aventura de hablar un poco de su humor que, como género de toda producción de la industria cultural, está atravesado por representaciones complejas y requiere de una lectura más cuidadosa.

Con ese fin, hablamos con Mercedes Moglia, docente de la materia Cultura Popular y  Masiva en la cátedra de Pablo Alabarces de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. La investigadora dedicó parte de su trabajo a estudiar la obra de humoristas como Antonio Gasalla y Diego Capusotto, entre otros, para desde ahí pensar al humor como un campo de representaciones sociales, que -nos advierte- debe ser analizado siempre contemplando su contexto, para evitar caer en anacronismos.

¿Qué tipo de humor hacían?

Pensar el humor desde su especificidad implica, según Moglia, medirlo en una comparación histórica, ya que ni género ni medio (sea televisión o cine) son entidades autónomas. Esto no excluye la posibilidad de asumir que el humor tiene en sí mismo mecanismos o técnicas que se van repitiendo, es decir, que están siempre presentes: tales como la exageración, la inversión, el juego de palabras, el doble sentido, etc.

Hecha esta aclaración, vamos al tema que nos compete. En este caso la investigadora señala que el de Olmedo y Porcel fue un humor costumbrista, urbano y porteño. Como ejemplo, citó el caso de los personajes de Olmedo en televisión, siempre desbordados pero capaces de salir del paso a través de la improvisación. “El virtuosismo actoral de Olmedo se volvió productivo y funcional a la necesidad de la televisión comercial de producir a ese ritmo semanal”, ya que había que cubrir una hora semanal en el medio. Fue precisamente esa necesidad de generar contenido la que lo llevó a destacarse con “la puesta cómica en el uso disparatado del dispositivo, el juego con lo precario de los decorados, con lo que se veía y no se veía y también con su partener de turno”.

¿A quiénes les hablaban Olmedo y Porcel?

Siempre que se estudia cualquier tipo de producción de la industria cultural es tentador caer en el análisis de la recepción, es decir, del espectador. Y entrar en ese terreno es entrar en el terreno de la especulación. Para escapar de ese riesgo, retomamos los aportes de Moglia: “Para hacer alguna hipótesis sobre el tipo de televidente ideal que construía el humor de Olmedo y Porcel, podemos decir que era fuertemente futbolístico y masculino”. Sobre este último punto, agrega, “hay una tendencia a considerarlo machista”.

Para hacer doble click sobre este último aspecto, la licenciada nos invita a pensar las cosas en su contexto. Por ejemplo, luego del fin de la dictadura Aries produce al menos ocho películas protagonizadas por Olmedo, en un contexto que, según Moglia, debe ser entendido como de destape después de tantos años de censura y represión. Destacarlo no inhabilita cuestionamientos, sino que apenas pretende ponerlos en relación con su entorno.

Las películas de el dúo no empezaron a ser “subidas de tono” en el 83. Por citar algunas: Custodio de señoras(1979), Los hombres solo piensan en eso (1976), Expertos en pinchazos (1979). Por ello, otro ingrediente para poner en la coctelera tiene que ver con el matrimonio como institución ordenadora de las relaciones (para ese entonces exclusivamente representadas como heterosexuales). En ese sentido, señala Moglia: “La masculinidad en el caso de estos cómicos era bastante torpe, es un humor que trabaja muy fuertemente con el equívoco. El desvío cómico es respecto de las obligaciones que demanda la institución matrimonial. Por eso se juega todo el tiempo con el engaño, con la posibilidad de tener satisfacción sexual por fuera de esa institución”.

Para agregar un elemento más al contexto, vale decir que en nuestro país la ley que autoriza el divorcio es de 1968 y que recién en 1987 que se dicta la 23.515, por la cual se permite la separación legal sin la necesidad del consentimiento del otro, aunque en diversos momentos de nuestra historia no resultara tan sencilla su práctica.

¿Y las mujeres entonces?

Para cerrar, tomemos uno de los principales ejes que despertaron el interés de esta publicación. Según la investigadora, el rol que cumplieron las mujeres no encaja en ninguna clasificación de humor grotesco, ni costumbrista, ni absurdo. La presencia de ellas no tenía un interés cómico sino que habilitaba disparadores que recaían en la masculinidad. En palabras de Moglia: “La presencia de la sexualidad femenina atractivamente representada en el cuerpo de las vedettes, se oponía a una sexualidad masculina siempre urgente pero siempre interrumpida”. “Como decía Landi: el Negro nunca concretaba”, agrega.

Es cierto que de allá para acá este tipo de producciones habilitaron que se instale un imaginario respecto de la mujer como algo que en muchos casos solo está puesto allí por su atractivo (algo que sin dudas sigue funcionando TV), pero entre reconocer esa condición y sostener que se trataba de productos lisa y llanamente machistas hay unos cuantos debates de distancia.

La Tota, Rogelio Roldán o el sobrino de Borges hablan de nosotros o del “nosotros” de otra época de nuestra sociedad. Allí hay herencia y legado. Por eso vale el debate, sobre todo si se pueden contextualizar esas producciones de una industria de entretenimiento que respondía a una lógica que excede a la de los protagonistas sin reducir su interés.

Olmedo y Porcel no son ni dueños de una galería de terror ni extraterrestres. Los pusieron en una cama redonda, como maridos de vacaciones, expertos en pinchazos y sobre todo, en encuentros cercanos con señoras de cualquier tipo. A esta altura, ya son parte grande de nuestra cultura popular, con todo lo que eso implica.

Federico Piva – @fedep81

Artículo publicado originalmente el 07/09/2016 en https://notasperiodismopopular.com.ar/2016/09/07/humor-machismo-industria-cultural/

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