Lunes otra vez

A simple vista no cambió nada. Sin embargo, la ñata en la ventana anuncia que sí, que la mañana arrancó antes. Una esquina tranquila y mojada recibe varios autos. Un pibe, dos pibes, tres. De allá atrás una madre viene apurada con el carrito de la mochila de un hijo al que le sacó por lo menos dos casas de distancia. Se apura, se ofusca y paf! Se le salió una rueda al vehículo de los útiles. Se agacha como si eso fuera parte de su vida hace tiempo y  haciendo fuerza la vuelve a su lugar.
Mientras el motor se entibia pienso que no se puede seguir así, que tiene que venir el sol en algún momento pero febo ni por asomo. La barrera está baja, sigo bordeando al Sarmiento. El viento sopla fuerte. Caen algunas ramas pequeñas, otros objetos que no reconozco impactan en el parabrisas, y el container de la basura abre y cierra su tapa cual caldera en el sótano de Macaulay Culkin. Un portero barre la vereda a pesar o a razón del clima. Son varios eh. Cuento al menos unos 7. Un auto en doble fila por cuadra mínimo durante 1000 metros. Escuelas, colectivos apresurados y taxis que protestan por Uber se manifiestan a paso de hombre.
Se baja la compañera y sigo. Cambio cd por radio y suena “¡Chitos, chitos, cranchi!”. La sigo al ritmo. No se qué festejo pero lo hago. Cristina, la interna peronista, una canción de Oasis y a la vuelta una noticia sobre el juego clandestino en la provincia de Buenos Aires. Los justos denuncian. Los injustos acatan (?)
EE.UU cruza La Plata, Boedo, 24 de noviembre, Jujuy, San José y en la que está la casa de estudios se dobla a la derecha. Pintadas: Fuera Obama. Frenamos el tarifazo. Marcha Federal. Tipos, tipas se apresuran por entrar y se apiñan en la entrada. 0 nostalgia.
Otra vez sopa, nada para agregar, mejor callar…
Sigue el frío. Viento mucho pero mucho viento. Espero el momento indicado y salgo. Un taxi en doble fila casi se merienda la cena. La churrería más apetecible y pulcra de Constitución, el 60, el 98, el 39, Agremiados, y Humberto para rato.
Faltan caras. Desde acá se ven menos nítidos. Un par de paradas de bondi. Un par de padres que le escapan al agua con piques cortos. La radio conecta abuelos y nietas, me resulta atractivo al oído. Me gusta la radio.
Me meto en la boca del lobo para cumplir con lo prometido. ¡Allá está la piba de casi 30! Detrás el 112, que es uno de esos que ves cada muerte de obispo, me respira en la nunca. Me hago lugar como puedo, balizas y arriba la compañera. Rivadavia a esa hora es más o menos como querer atravesar una manifestación del 24 de marzo caminando en contra de la gente. Imposible es poco. El 132 te hace sentir el rigor. El 92 se te cruza de vereda. El 96 me hace luces como si supiera que hace 12 años es parte de mi vida y ahora, de vez en cuando, logro ignorarlo. El 1 se estaciona a la altura de Nazca y no arranca hasta que no llena la panza.
Antes de entrar a casa, en un tacho público la foto que ilustra la publicación. Parece que se termina. Que ya no hay paraguas que aguante. Sabe Dios cómo será mañana. ¿Sabe?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *