Miércoles, la transición

No llueve pero no es noticia. El cielo sigue gris y los toallones están húmedos desde el lunes. El día arranca a media mañana. Los pibes ya entraron al colegio, los negocios ya están en su mayoría abiertos y en la calle circula un poco menos de gente. Decido que hoy será público el traslado porque así es más rico el relato. Cuando amanezco moroso, más tarde de lo normal, arranco confundido. Las dos combinaciones que me llevan a destino me dejan pensando en la intersección de dos avenidas. Me decido por la que más me place dentro de lo poco placentero que tiene el ruedo. Se me escapa el 5 y detrás suyo viene el 36. Allá voy. Tiene el piso todo mojado, no puedo apoyar la mochila en el piso. Está tuneado de bordó. Tiene hasta cortinas en ese tono. En el fondo cuatro flacos vienen con bolsas de limones y ristras de ajo. Las están separando en bolsas más pequeñas para poder venderlas en la calle. Toman de una botella de Manaos pero prejuzgo que no es bebida cola. Se van a ir bajando en puntos neurálgicos (Nazca, Primera Junta, etc.). Llego a ver solo el descenso de dos, porque es lo que me permite la distancia de mi recorrido. Y lo se porque ya los vi en otras líneas, como el 86 que viene del Central.
Sube un vendedor ambulante que ofrece una barra de chocolate que descubro como Hamlet Way. En una mano la caja y con la otra se agarra del caño. Cuando habla por momentos mira hacia el techo. Lo miran pocos y nadie agarra el producto, aunque sea sin compromiso de compra, yo tampoco. Detrás suyo sube otro. Es un tipo de unos 50 y pico, medio regordete, con aseo y presentación aceptables.

-¡Buenos días!, ¿Cómo les va? Les cuento que hace más de 25 años que vendo en esta línea, he vendido medias, biromes y otros productos.

Sigue con su presentación y somos varios los que le prestamos atención. Vende un libro para los chicos, es un manual de ortografía que viene con otro ejemplar para ejercitar matemáticas. Dice que cuesta $20, la mitad de su valor de mercado, y aclara que es porque compra en cantidad y porque se toma el trabajo de ir a buscarlos hasta la editorial. Una señora que está sentada cerca de la puerta, ni lo duda y enseguida le pide uno.
Recibo un mensaje en el celular que rompe mi calma, me ofusco fuerte. Contesto vehemente y trato de no pensar más. ¡Primera junta! Vengo mirando de reojo que detrás del bondi en el que viajo se acerca el 53, así que en cuanto el colectivo se detiene, bajo y no corro más de 6 pasos para hacer trasbordo.
Me gusta por sus colores pero además porque su recorrido, al menos en ese tramo, es un poco más directo y amable. Va por avenida durante largo rato y me deja más cerca del destino. Me divierto mirando carteles de negocios y me percato que la convergencia digital llegó a los barrios. “Matafuegos online”, “Día Market”, “Cyber Locutorio” y demás marquesinas del estilo. Quiero llegar a encontrar más de cinco en esa línea pero pierdo en el juego.
De lo que sigue nada, ya lo saben, no insistan. Aburre.
El cielo contiene una nube uniforme de un color que connota lluvia inminente. En Constitución hace más frío, hay otra sensación térmica y muchas otras. Camino tres cuadras y me sumerjo en el túnel del tiempo: La línea E debe haber sido escenario de más de una película de los 70. Sino fuera por la cartelería del Gobierno de la ciudad, podría pasar por una estación de la época tranquilamente. La formación tarda 20 minutos en llegar! Se llena el andén de gente y en un momento cuento 10 personas de las cuales 6 estamos mirando el celular. Subo con unos cuantos más, y una señora detrás mío poco más que me camina los tobillos. Trato de disimular mi malestar. No es tan grave para el caso. De hecho fue un buen día. Para cuando bajo en estación La Plata, ya me saqué la bufanda, los guantes y me abrí la campera. Exageré un poco creo. La extensión del invierno me está afectando sobremanera
Entro a mi destino pensando que mañana es jueves, que ya llega el fin de semana. Pero como siempre me vuelve a la mente esa idea añeja de porqué estar esperando el viernes todo el tiempo. Quisiera evitarlo pero me es difícil. El ejercicio que aquí ejerzo me hace más largo el correr de los días. No se va a repetir. Insisto con la duda: ¿Es saludable estar esperando el viernes todo el tiempo?

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *