Roma, entre el pulque y lo mexica

México 1971. Cleodegaria Gutiérrez. 4 niños bien al cuidado de dos mujeres mexicas. Hablan mixteco, sienten mexica, respiran mexica. No son aztecas, ni mestizos, ni mucho menos parias. Son mexicas. Alfonso Cuarón y una mirada al México profundo, tan cerca de la insurgencia. El que tiembla, el de las casas bajas de la Reforma, el de la periferia, el de los años posteriores a Tlatelolco, el de la masacre del Jueves de Corpus, el del grupo paraestatal Los Halcones, entrenados para matar, no para amar.

La familia. El afilador. Borras, el perro. El cuarto de servicio. Las lenguas, lo identitario, lo diverso y lo padre. Las maternidades, las paternidades. La soledad. Los juegos, la infancia y lo autorreferencial del director, su memoria emotiva.

Una casa impoluta, un Galaxy inmaculado como metáfora de un padre que no encaja. Las patronas y las mexicas. Las risas cómplices, las miradas perdidas, la casa vacía y los quehaceres. El lugar del afecto, les niñes, la generosidad y el destrato. Los abrazos, el Hospital, Chapultepec, Tuxpan. El mar, testigo de una mujer accesoria para muchos, invitada a ser parte de la historia por necesidad, como dice Gioconda.

Si la ve en casa, ponga pausa donde guste y quédese mirando los encuadres, la luz, los fondos, los detalles. Parece que no, pero se pueden ver los colores de esos suéteres tejidos, de esos trajes militares desfilando por la calle. De esa Navidad donde les otres se entregan al pulquito, al aguardiente, ahí donde habita el pueblo, resiste. Roma, amor que duele. Cuando el mainstream se ocupa de lo que frecuentemente suele ocultar, hay que dejarlo entrar, que cuente cómo les ve, como les narra. Hágale caso mijo, mija, no se la pierda. En Caba solo en el Bama Cine Arte, sino Netflix porque mainstream vio!

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