¡Viernes!

Ducha matutina. Casi nunca sucede. Es viernes y lo demás no importa nada. Se está cerrando la semana que, sin lugar a dudas, más escribí en mi vida. De todas formas, este ejercicio que tuvo más respuestas de las que me esperaba llega con lo último. No se cuánto más se pueda aportar a la causa.
El tráfico pesa pero no importa mucho, es viernes. Varsky suena en la radio. Habla de música, presenta canciones ochentosas sino me equivoco. Mi compañera quiere que le dejen un tema entero y se termina bajando del auto sin que le cumplan el deseo. Se fueron para la economía, las inversiones, la inflación que decrece (dicen), la perdida de poder adquisitivo, y otros.
Una vez más EE.UU., me sabe más llevadero que San Juan. Un padre cruza con sus dos nenas medio apurado, un flaco muy dormido se enoja porque no le cedí el paso y al menos 4 camionetas descargan mercadería en una misma cuadra.
Pienso en el fin de semana. Los cumpleaños, los menúes, la familia, las amigas de tu cónyuge. Un juego, un disparador. Una premisa básica: La persona con la que uno comparte parte de su vida suele tener amistades. De esas amistades, lxs que nos caen muy bien, ¿De quién hablan más? ¿De ellxs mismxs o de nuestras parejas? Yo siento que es un poco y un poco. Me gusta pensar a la gente por lo que genera, despierta, provoca en otras personas. Hay sujetos (sean hombres o mujeres) que tienen la capacidad de potenciarnos o de, al menos, resaltar algún aspecto que nos es propio y por alguna razón no lo mostramos siempre. Yo siento un poco eso con algunas personas, y eso hace que a esas personas les dedique un cariño particular.
Es viernes y tengo la sensación de que esta semana pasó más lentamente. Que tuvo desarrollo, palabras, frenos, ideas y vueltas. Eso me puso bien. Una de las cosas que yo encuentro para defenderme de la rutina es frenar el tiempo. No es fácil y ni siquiera tengo una receta mágica para lograrlo. Pero a veces simplemente es posar la mirada en algún punto fijo: el techo, un árbol, un paisaje a través de una ventanilla de bondi, el que encuentres y pensar en eso que te hace bien, que te saca de ese lugar. Yo juego con ambas. O puedo dedicarle mis pensamientos a mi próximo destino de vacaciones o también puedo, y a veces me divierte, inventar historias. ¿Y cómo será la vida si estuviera casado con esa mina que pasa por ahí?; ¿Y si ese tipo fuera mi viejo?; “Mirá el nene ese! La cara que tenía cuando la vio a la vieja a la salida del colegio.” Es cierto, me van a decir que es pura nostalgia y por ende está cargado de tristeza. ¡No! Yo no lo veo así. Para mí ese ejercicio es lindo, divierte y gratifica. La vida es eso que está ahí. Eso que pasa, que ves ahí. Es ese encuentro, ese padre cruzando la calle, el peluquero, la pinta con un amigo, la charla con la compañera a la vuelta del laburo, las ideas, los sueños. Para todo lo demás existe el yugo, que lo aplaca todo. Pero dignifica (dicen). Yo no lo tengo tan claro. ¿Nos hace más dignos laburar? No tengo respuesta. Lo que sí tengo es el final. No quiero que esto se parezca a Bucay. Gracias por estar ahí del otro lado leyendo. Te pido un último favor. Si leíste más de uno de estos textos (Un lunes cualquiera, Lunes otra vez, Miércoles la transición, Hoy se sale y este), te pido que me cuentes cuál te gustó más. Me va a poner contento que lo hagas. Si querés hacelo en la publicación misma de esta página (sería lo ideal), pero también vale a través del wasap, en el fb, o donde quieras. Que yo me entere nomás.
Ahora si, que tengas buenas noches. Un gusto hablar contigo.

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